Surfistas del desierto, cerca del mar

Surfistas del desierto, cerca del mar

Pariente del snowboarding, el sandboarding es un deporte relativamente nuevo en el país, que consiste en descender por las dunas o médanos sobre una tabla aferrada a los pies.

Hay varias hipótesis sobre quiénes comenzaron a practicar el deporte. Una de ellas se remonta a la historia antigua y sostiene que fueron los egipcios los pioneros en utilizar placas de madera y cerámica para deslizarse en la arena. Otra hipótesis plantea que fue en Brasil donde los surfistas comenzaron a deslizarse por los médanos con surfboards viejos, cuando no tenían olas para surfear.

En la Argentina, algunos pocos comenzaron a practicar hacia 1993. En 2000 ya había ganado mayor difusión, cuando un grupo de sandboarders de Buenos Aires (Sandwave) y otro de Jujuy (3L Sandboard) se reunieron para fundar la Asociación de Sandboard Argentina ( www. sandboardargentina. com.ar ), que todos los años organiza salidas de práctica.

“El sandboarding es un deporte que recién está arrancando. El sitio que pusimos en funcionamiento a principios de 2007 sirvió como punto de encuentro para aquellos que estaban interesados en el deporte. Y de a poco se formó un grupo que hoy cuenta con 200 socios”, cuenta Fabián Orsi, uno de los responsables de la asociación. En la página Web se puede encontrar noticias nacionales e internacionales, publicación de eventos, fotos, videos y sorteos.

Los spots más buscados del país están en Pinamar, particularmente en la frontera, a unos 6 kilómetros al norte de la rotonda de ingreso, aunque también se pueden encontrar médanos en muchas ciudades balnearias. Con sólo unos 15 o 20 metros para descender, ya se hace divertido, aseguran.

También hay buenas dunas en Mendoza, San Juan, Río Negro, Jujuy y Catamarca, donde existen asentamientos de arena sobre laderas de montañas, con descensos de hasta… ¡300 metros!

Según Orsi, lo indispensable para practicar el deporte es una tabla (sandboard) –que cuesta desde 250 hasta 700 pesos– y un lubricante que se le coloca en la parte inferior para su mejor deslizamiento. “Aquellos que se dedican a realizar saltos pueden agregar a su equipo un casco”, explica Orsi.

Si bien es difícil calcular cuántos riders (corredores) hay actualmente en el país, desde la asociación sostienen que sólo en 2008 unas 3000 personas comenzaron a practicar este deporte, y el crecimiento es progresivo año tras año.

A nivel competitivo recién ahora están apareciendo corredores que, en poco tiempo, estarán listos para viajar al exterior, ya que en la Argentina aún no existen campeonatos oficiales. En América del Sur se compite en Brasil, Perú y Chile. El campeonato mundial de sandboard se realiza en Alemania cada dos años, en una duna artificial llamada Monte Kaolino.

Francisco José tiene 23 años, es licenciado en Turismo y vive en San Salvador de Jujuy. Descubrió el sanboarding en 1997 gracias a un programa de deportes extremos y enseguida se interesó, ya que conocía unas dunas muy grandes en la Puna jujeña. “Ese mismo año comencé a practicar en el cerro Huancar (Abra Pampa, Jujuy). Al principio me resultó un poco difícil, ya que no tenía experiencia en deportes de tabla, pero luego de perder el miedo a la velocidad y a las caídas, de a poco empecé a animarme a doblar y saltar”, relata.

Por su parte, Natalia García es bióloga, tiene 26 años y vive en Buenos Aires. Comenzó a practicar hace una década, luego de viajar a Puerto Pirámides y ver a unos chicos haciendo snowboard en la arena.

“Además de la adrenalina que genera todo deporte de riesgo, me atrajo la sensación de estar en equilibrio con el medio ambiente y sentir que los movimientos que se hacen con la tabla dependen de los caprichos de la naturaleza impresos en la arena. Por eso, cuando estoy sobre la arena con mi tabla, me siento como un granito más. Me gusta pensar que soy libre de hacer lo que quiera e ir hacia donde quiera”, confiesa.

Fuente: Diario La Nación
http://www.lanacion.com.ar/1067774-surfistas-del-desierto-cerca-del-mar

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