Surfeando dunas, Sandboard en Saujil

En la provincia de Catamarca a unos 300 km de La Rioja, se encuentran las Dunas de Saujil, un escenario ideal para la práctica del SANDBOARD. Integrantes del plantel de Abogados viajaron a surfear dunas, cuentan lo suyo y nos muestran fotos.¿Que es el Sandboard dirá el lector? Es un deporte que consiste en deslizarse en una tabla sobre dunas de arena. Se podría decir que es un Deporte Extremo, por el aumento de adrenalina que provocan los descensos. Algunos dicen que ya los Egipcios lo practicaban, sobre diversos materiales. Pero un poco mas cercano en el tiempo y espacio, en Brasil por la década de los 80´, un Surfer que para no depender de las cambiantes condiciones del mar, se las ingenio para combinar distintas disciplinas y creo el Sandboard. Javier y Pablo, del equipo de abogados vivieron la extrema experiencia en Saujil. LAS TERMAS DE FIAMBALA, RELAX OBLIGADO Desde La Rioja debemos enfilar el rumbo hacia Aimogasta. Pasando por Tinogasta se llega a Fiambalá, “La puerta hacia el Pacífico”, pasada obligada para quienes se encaminan hacia el Paso de San Francisco y para los andinistas que desafían al Pisis.

A pocos kilómetros de este poblado se encuentran las TERMAS DE FIAMBALA, enclavadas en el medio de la Sierra de Fiambalá y muy cerca de la Cordillera, con una vista increíble tanto durante el camino como en las termas. El complejo se ubica en el cerro mismo, en una quebrada de 40 mts. de ancho, rodeado de paredes de piedra de gran altura (hasta 100mts.), que subiendo se angostan hasta llegar a la vertiente de aguas termales que corre entre las piedras. En lo más alto del complejo la quebrada es de unos 10 metros. Piletones de piedra de distintos niveles de altura a medida que se sube el cerro, conforman un complejo termal realmente diferente. Sus aguas varían de temperatura entre 38º y 70º, con diversas propiedades entre antistress y medicinales. SAUJIL En los 12 km. que separan Fiambalá con Saujil se puede divisar la Sierra de Fiambalá, cubierta en su totalidad por blancas arenas, palpitando lo que vendrá. El pueblo -a 1700 m.s.n.m- posee unas cuantas casas, una escuela, una sede municipal, casi todas de adobe, lo que lo hace bastante pintoresco. Sus calles de tierra y el marrón del adobe, contrastan con las grandes superficies de vid divisables desde la entrada al poblado, causando una agradable sensación. El alojamiento en Saujil es el Hostel de adobe “Villa Rosenda” (www.hostelvillarosenda.com.ar), con cómodas instalaciones, agua caliente, TV por cable, desayuno, alquiler de tablas y un buen precio.

Allí los atenderá su dueño, Santiago un ingeniero que seguramente les contará sus historias por todo el país y les mostrará desde el patio del lugar, la vista de nuestro “Famatina”. LA GRAN DUNA A unas cuatro cuadras del hostel se encuentra la buscada DUNA, a la cual se accede luego de subir una empinada y empedrada loma, desde su cima la duna se deja ver en todo su esplendor. Posee dos caras -este y oeste- de aproximadamente 60/70 metros (varía según el viento), la primera casi no se utiliza debido a que tiene una pendiente muy pronunciada y sobre todo por su final abrupto con piedras incluidas. La arena es fina y blanca, y según los especialistas se puede lograr un descenso de una velocidad máxima de 40,7 km/h en una distancia de 200 mts.. La pendiente es de 30º a 45º de inclinación, lo que permite el deslizamiento a buena velocidad, ya que si es menor la tabla no llega a deslizar. La parte norte de la duna es la mas baja y por donde se sube a ella. Una vez en la cima lo ideal es ir hacia la zona sur por sobre la cresta de la duna hasta encontrar la pendiente ideal y realizar el emocionante descenso. En esa búsqueda se lucha con el constante viento que llena los ojos de arena, por lo que es aconsejable usar gafas para protección. Hacia el este se ve una gran planicie desértica con río incluido y la sierra de Fiambalá en todo su esplendor. Más hacia el norte se divisan las dunas de Tatón. Una vez en el sitio que nos parece el indicado (lo mas alto posible), comienza el ritual: primero que nada descansar unos minutos ya que la subida es agotadora, luego lubricar la tabla (con cera, parafina, vela, silicona depende de cada lugar y arena). Después tomar coraje, ajustar las fijaciones y lanzarse “al vacío”.

La sensación podría compararse con esa, ya que la pendiente es realmente pronunciada y la altura total de la duna no se queda atrás. El descenso dura solo unos segundos, pero se los vive a pleno, pura emoción y adrenalina, y aunque la subida sea cansadora las ganas de subir una y otra vez no paran. La experiencia es altamente recomendable, el paisaje asombra y estamos a muy pocas horas de nuestra ciudad.

Fuente: professionale.com.ar
Link: http://www.professionale.com.ar/index.php?modulo=notas&accion=ver&id=182&PHPSESSID=d3331f3321922c87e5bdb31fb63f5793

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